miércoles, 10 de noviembre de 2010

CAPITULO I - las llaves-

Aquella mañana veraniega de octubre se conocieron. Bueno realmente aún no saben que se conocen, pero esa mañana se vieron desde una mesa a otra entre el ambiente nublado del Penicilino.
Él tenía una chapa de Nirvana en la solapa de su chaqueta, y llevaba más de cuarto de hora mareando unos folios con un boli bic, un intelectual rebelde. Ella estaba leyendo un suplemento del periódico, mientras agarraba la taza de café con las dos manos para calentarse los dedos. Se miraban entre dientes.

Serían las 12:00 a.m. cuando el sol luchaba por entrar en el bar tras esas cortinas que llevan años con las mismas manchas; él se levantó a dejar un par de tazas de café en la barra, se puso un pañuelo al cuello y después de coquetear un poco con la camarera, salió rápido del bar dejando atrás un par de llaves unidas por una arandela que se le cayeron del bolsillo de la chaqueta. Ella seguía haciendo que leía pero llevaba mas de 20 minutos sin quitarle el ojo de encima, ni si quiera se daba cuenta de que tenía el suplemento agarrado del revés. Después del ir al baño, pagó y se fue, dejando en su asiento un pañuelo gris a rayas y un pequeño bolso de cuero; de esos que huelen como las calles estrechas del zoco de Granada; con una chapa que ponía Angie con el símbolo de los Stones.

Asi que a partir de ahora y de momento ella será Angie y a él le llamaremos Kurt.

Angie solía atravesar la Bajada de la Libertad para volver hacía casa escuchando britpop en su mp3, mientras notaba lo duro del suelo en sus bambas y jugaba con las llaves en el bolsillo; al ir a ponerselo se dio cuenta de que no llevaba el bolso y dio media vuelta hacia el bar, tenía mala memoria, podría acabar hasta dejándose la cabeza encima de la mesilla por las mañanas.

Cuando Angie llegó al bar, la camarera la dio el bolso y se puso a hablar con ella, Angie jugueteaba con las llaves en el bolsillo, hasta que sacó la mano y las dejo en la barra, junto con su movil, pidió una caña y siguió hablando con la camarera, creo que divagaban sobre la última película de los hermnos Cohen, pero no estoy seguro. Media hora y tres cuartos de minuto después Angie se fue del bar dejando en la barra sus llaves, pero eso sí, se llevó su bolso.

Cuando Kurt llegó a la puerta de casa, fue a abrir, pero evidentemente no tenía las llaves en el bolsillo trasero del pantalón como las solía tener a veces o en el bolso de su chaqueta, asi que se dispuso a hacer todo el recorrido hasta el bar otra vez a ver si encontraba las llaves por el camino.
Llegando al bar, miraba hasta debajode los coches en la  Bajada de la Libertad, cuando entró en el garito y la camarera le dijo que tenía sus llaves, se puso tan alegre que decidió tomarse otras 4 cañas mientras coqueteaba con la camarera, que la verdad no le hacía ni puñetero caso. Al rato se fue, sólo que él no sabía que se llevaba las llaves de Angie y no las suyas, creo que en sería un candidato a perderse en su propio museo, si tuviese las llaves adecuadas claro.
En el primer paso de cebra de la calle se cruzó con Angie, que volvía hacia el bar a por sus llaves, que iban en el bolsillo trasero de Kurt; dos cabezas locas en un mundo de cordura lisérgica.

COTINUARÁ, (la semana que viene)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Welcome back!

Anónimo dijo...

Señorito norman, esperamos el segundo capítulo al ser posible pronto, en esa semana que nunca llega!

María dijo...

yo quiero ver como acaba esto ;)

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